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DOS PINTORES FRANCESES EN EL MUSEO DEL PRADO

Esta primavera el Museo del Prado ha presentado dos importantes exposiciones de dos pintores franceses. 

JEAN-AUGUSTE INGRES (1780-1867): 

Ingres es uno de los grandes maestros de la pintura francesa que, llevado por su amor para con el arte clásico griego y romano, así como para con la pintura del renacentista Rafael, se convirtió en un excelente dibujante y en maestro del retrato, el desnudo y la pintura histórica. Un maestro que buscó el patrón de belleza ideal llevado por el romanticismo. 

Según se nos explica en la presentación de esta exposición, "Erróneamente identificado como un reaccionario opuesto a la libertad romántica que abanderó Eugène Delacroix, fue sin embargo un colorista de talento singular y un vehemente defensor de su indómito criterio".

Esta exposición en El Prado nos presentó un excepcional recorrido por la obra de Ingres: 

Empezamos por los retratos, que captaban sutilmente el espíritu de sus retratados, así como toda una época,. Como ejemplo tenemos un fino retrato psicológico en el lienzo Napoleón I en su trono imperial o las costumbres de la clase burguesa (Louis François Bertin, La Condesa de Haussonville).  

A continuación, nos encontramos con los desnudos femeninos, mujeres cautivas en posturas poco ortodoxas, atadas de pies y manos, cargadas de erotismo, hedonismo y de una enorme plasticidad gracias al dibujo exacto y a las líneas sinuosas; . 
 En este apartado, se encuentra una de sus obras más conocidas, La Gran Odalisca,  que representa a una mujer en un harén; el entusiasmo por la curva del cuerpo femenino se repite en El baño turco y enAngélica.

Siguiendo el itinerario de la exposición, llegamos a la pintura histórica, sobretodo de su etapa romana con obras que representaban mitos grecolatinos (Homero, Virgilio), así como las llamadas pinturastroubadour (obras de tamaño más pequeño con cierto regusto de la  escuela holandesa y melancolía por el pasado, que reflejan escenas ambientadas en las cortes europeas de la Edad Media).
Finalmente, llegamos a la pintura religiosa con Virgen adorando la Sagrada Familia. 

GEORGES DE LA TOUR (1593-1652): 
A pesar de caer en el olvido después de su muerte, de La Tour es el más célebre de los tenebristas franceses. Su estrella volvió a lucir a partir de finales del s.XIX y, especialmente,  gracias a la exposición Pintores de la realidad, celebrada en París en 1934.
Más influenciado por los llamados tenebrarios holandeses que por Cavaraggio*, su obra se caracteriza por la pulcritud geométrica, el equilibrio en la composición y el tratamiento de la luz, que siempre parte de un punto concreto: una vela, una bujía, una antorcha...
El resultado son lienzos que, en general, representan figuras sencillas, humildes y trabajadoras que desarrollan sus actividades cotidianas con paz y quietud: mujeres piadosas y contenidas que ejercen la maternidad con sus niños, curan heridos...También pintó escenas bíblicas, paisajes cargados de lirismo y soledad, así como algún santos asociados con la peste (gran plaga de la época). Sin olvidar los personajes más desfavorecidos de la sociedad: soldados, pícaros, mendigos, músicos ciegos, campesinos...
La exposición está organizada de manera cronológica e incorpora los dos únicos lienzos que ya están en el museo madrileño. El público podrá disfrutarla hasta el 12 de junio de este año 2016. 
* Caravaggio: Cerca de Toulouse una familia francesa ha encontrado un lienzo del siglo XVII, valorado en 120 millones de euros, atribuido al pintor italiano. Se dice que es la obra más importante descubierta en las últimas dos décadas; así lo afirma Eric Turquin, del gabinete de Expertise.