Article 11: Jeanne Moreau, entre Jules et Jim/Clases de francés en Barcelona

¿QUÉ FUE DE JEANNE MOREAU?

 A cualquier amante del cine europeo, y del francés en particular, el nombre de Jeanne Moreau le dirá muchas cosas.

La inolvidable protagonista de películas Jules et Jim, La reina Margot, Ascensor para el cadalso, Los 400 golpes ,Eva, El proceso, Viva Maria!, La noche o Le journal d´une femme de chambre –entre tantas- está considerada una de las más importantes, emblemáticas, sensuales y adoradas actrices del cine galo; fue una de las abanderadas de la corriente cinematográfica de la Nouvelle Vague, símbolo femenino de la Europa rompedora de los años 60 y, según el propio Orson Welles, “la mejor actriz del mundo”.
Aparte de sus trabajos en la gran pantalla, actuó en teatro y televisión, dirigió películas, teatro y ópera y, asimismo, guiones y libros.

Se convirtió en musa de los mejores directores (François Truffaut, Louis Malle, Orson Welles, Elia Kazan, Wim Wenders, Peter Brooks, Luis Buñuel).

Su padre era francés y su madre británica (por lo que el inglés fue también lengua materna). Con 16 años, finalizando la 2ª Guerra Mundial, vio en una una soirée teatral una versión de Antígona de Jean Anouilh. Con 20 años, y después de formarse por su cuenta, ya formaba parte de la Comédie Française.

Acabada la posguerra, Jeanne Moreau empezó a brillar entre las nuevas divas como Brigitte Bardot o Catherine Deneuve y ella, la Moreau, encarnaba “con su apariencia de mujer con experiencia, su voz grave y su indudable inteligencia, a la heroína auténticamente moderna, erótica y cerebral”. Cuando rondaba los 50 se apuntó a opciones más vanguardistas y se introdujo en el campo de la dirección y el guión. 
Súbitamente se abrió un período de cierta inactividad y misterio: estaba padeciendo un cáncer, aunque esto no se supo hasta mucho tiempo después.
Reconviene a quien la llama Madame Moreau («no estoy casada con mi padre») y detesta que la consideren una leyenda viviente: «Me siento sobre todo viviente, aún llena de curiosidad y nada interesada en mi fama póstuma».
Ha obtenido numerosísimos premios y en enero de 2001, Jeanne Moreau se convirtió en la primera mujer en ser elegida miembro de pleno derecho de la Academia de Bellas Artes de Francia.
Huelga decir que además, fue el gran amor de millones de hombres. Encarnaba la sensualidad, inteligencia y savoir-faire de la mujer francesa; esa mujer que no teme ni a la libertad ni al qué dirán, que a través del humo de su cigarrillo y con un vaso de whisky en la mano, convierte sus ojos en un dardo y su voz en un torrente de sensualidad.

Uno de ellos fue el escritor, periodista y actor español José Luis de Vilallonga que declaró públicamente en sus memorias que fue el gran amor de su vida después de conocerla durante el rodaje de Les amants
                                                              
Vilallonga, que además fue un conocido playboy internacional, la definió de la siguiente manera en uno de sus tomos memorialísticos (La flor y nata): “Cuando la conocí, Jeanne tenía ya la boca indiscutiblemente amarga. Las ojeras grandes, inmisericordes. La carne del rostro minada por un cansancio muy antiguo. Un rostro que parecía un mascarón de proa anclado en una especie de desabrida indiferencia. Pero todo cambiaba cuando se ponía a hablar. Decía cosas preciosas -con esa dicción perfecta que pone en relieve cada coma- acerca de sus maridos, su hijo, sus amantes, sus amigos. Entonces el pequeño rostro apagado, obstinadamente triste, se iluminaba disipando sus sombras y sus negruras”.


Jeanne Moreau supo moverse como pez en el agua entre hombres y mujeres admiradores y cultivó la amistad de personajes como Jean Cocteau, Henry Miller, Anaïs Nin, Marguerite Duras o Jean Genet.